En el centro de rehabilitación de drogas CITA hoy queremos hablar del Shabú, una droga sintética, conocida y consumida tradicionalmente en Filipinas, que desde hace años recorre el mundo con el sobrenombre de “la droga de los pobres” porque en ocasiones se consume para aguantar las larga y duras jornadas de trabajo.

Shabú es una droga tan estimulante como barata y tan adictiva como perjudicial. Su uso está muy extendido en Filipinas pero también se está exportando al resto del mundo. Se trata de un potente estimulante con un alto potencial de adicción que permite que estés despierto durante días.

Provoca alucinaciones y psicosis, y sus efectos son más potentes que el LSD o la heroína. Se cree que su uso está detrás de muchos episodios de violencia y asesinato en países como Filipinas.

Su componente afecta al sistema nervioso y a corto plazo provoca insomnio, irritabilidad, agresividad y paranoia. En cuanto a sus efectos a largo plazo, al erosionar los vasos sanguíneos, genera síntomas parecidos al Parkinson. Uno de los síntomas que permiten reconocer fácilmente a los consumidores de esta droga es que provoca que sus dientes tengan un color gris, se deterioren muy rápido y caigan a los pocos meses de consumo intensivo de la sustancia.

Su distribución es en pequeños cristales que se fuman en las mismas pipas que se utilizan para la heroína, aunque en dosis mucho menores, más o menos 0,1 gr en lugar de 1 gr. Esta pequeña cantidad ofrece hasta 12 horas de efecto, con un considerable aumento de la energía, la euforia y el nerviosismo.

Sin embargo, acostumbra a producir también ejectos secundarios indeseables, como contracciones musculares espasmódicas, sudoración, alucinaciones, psicosis y crisis violentas.

Fabricarla es sencillo y barato. Su principal componente es la efedrina, componente de muchos fármacos para el resfriado.

El Shabú se exporta ya a otros países de Asia, Estados Unidos, Australia y Europa. Y también ha aparecido su rastro en España. En el centro de rehabilitación de drogas CITA hemos leído que el año pasado la policía desarticuló en Madrid y Barcelona a un grupo de narcos filipinos responsables de la distribución de esta peligrosa droga.