Centro de tratamiento de adicciones: El significado profundo de la enfermedad

En los talleres de Clínicas CITA dirigidos a la gestión emocional, hablamos a menudo del significado de la enfermedad, de qué nos habla una dolencia que padecemos, qué cambios exige aquel trastorno que sufrimos.

Es raro que un acontecimiento nos sacuda sin que antes haya llamado suavemente a la puerta, pero con frecuencia no lo oímos. Si se está atento, es posible darse cuenta de que la vida está llena de multitud de cosas que parecen diseñar experiencias análogas que se viven una y otra vez hasta que se comprende su sentido. A menudo nos molestan, pero su objetivo es siempre la libertad, ayudarnos a conseguir nuestra libertad.

Pero es raro que esta libertad se ofrezca sin exigirnos a cambio alguna renuncia. Tal vez sea renunciar a una cosa material, o a una posesión afectiva. Tal vez sea renunciar a la imagen que tenemos de nosotros mismos, cuando la actitud del otro nos ofende porque vemos en ella una parte de razón y nos protegemos indignados de esa idea tomando como testigo nuestro cuerpo. A través de la enfermedad protegemos nuestra conciencia, pero, al mismo tiempo, la encerramos en el eco físico de nuestros sufrimientos morales.

Lo doloroso no es la renuncia sino el apego; con frecuencia, ni siquiera somos conscientes de lo que nos retiene. Lo de fuera es como lo de dentro: si examinamos con lucidez y sin apego las circunstancias que rodean nuestra vida, llegaremos a comprender lo que nos pasa por dentro. Por otra parte, los desafíos externos pueden ayudarnos a resolver y superar ciertas dificultades interiores, y a veces nos permiten alcanzar una mayor libertad de conciencia.

A través de la enfermedad nos hablamos a nosotros mismos, es cierto, pero también nos dirigimos al médico y al cónyuge; a veces también hablamos a nuestros padres… cuando, desde el principio de nuestra vida, algo no ha ido bien. Puede que el niño enfermo no sea distinto del adulto enfermo, salvo que el niño se imagina que sus padres lo son ‘todo’, pero ninguno de nosotros, padre o madre, es bastante perfecto como para ser ese impecable ‘todo’. Sólo somos un eslabón de una cadena que busca la perfección, un eslabón que avanza a tientas de generación en generación, de fracaso en renacimiento, hacia su perfecta realización, hacia su última libertad interior frente a las carencias y sufrimientos de los eslabones precedentes.

La enfermedad no es más que una etapa de la vida humana, una etapa tan importante como la de la salud. Y lo que tata de hacer la enfermedad es liberarnos de los sentimientos o certezas que obstaculizan la conciencia para que despertemos a una dimensión más amplia, más luminosa.