En el centro de tratamiento de adicciones CITA queremos hablar hoy de los adictos y nuestra sociedad. En una sociedad tan individualista como la nuestra, existe un evidente déficit del respaldo y la seguridad que proporcionaba antes la familia y la comunidad.

Es por ello, que muchos tratamientos facilitan el trabajo grupal de los adictos y brindan el compañerismo necesario a las personas dependientes. La camaradería es algo que la mayoría de las personas anhelan.

No sólo carecemos de la capacidad y la valentía para afrontar muchas veces nuestros problemas, sino que además las familias, las instituciones sociales y las comunidades no nos pueden brindar esta ayuda para respaldarnos emocional y socialmente. El hecho de tener suficiente apoyo emocional, físico y social en nuestras vidas hace aflorar lo mejor de nosotros. Saber que no estamos solos cuando tomamos una decisión (como dejar las drogas) que requiere valor y que si fracasamos en nuestro intento de resolverlo no sufriremos un abandono, facilita la tarea en ponernos en camino y triunfar en el intento.

El creciente individualismo es otro factor que frustra nuestro anhelo de comunidad y nos hace más vulnerables a la adicción. Nuestro sistema económico premia el individualismo más que el esfuerzo cooperativo. Como consecuencia, cada persona funciona como un yo independiente y aislado cuya supervivencia y éxito depende de sus propios recursos.

Lo que esto provoca es que nos sentimos que no podemos contar con nadie, lo que nos produce una profunda sensación de angustia e inseguridad. Se nos induce a pensar que si no hacemos las cosas bien, nos veremos condenados a la indignidad.

La conexión entre nuestra creciente inseguridad, nuestro anhelo de comunidad y nuestra cada vez mayor vulnerabilidad a la adicción, es intensa y evidente.

En el centro de tratamiento de adicciones CITA vemos a menudo que una de las gratificaciones secundarias de las adicciones, y un atractivo oculto de éstas, es que nos hacen formar parte con otros adictos de una especie de club. El jugador disfruta del juego con otros jugadores. El drogadicto a menudo interactúa con un conjunto estable de personas con las que toma drogas. Muchos alcohólicos han disfrutado de la sensación de pertenencia sentida junto a otros bebedores. Al adicto al trabajo, la empresa le ofrece una sensación de comunidad. Pero este tipo de falsa comunidad no satisface el anhelo de comunidad del adicto.

En cambio, una importante razón del éxito de los grupos terapéuticos o los grupos de autoayuda es que también proporcionan compañerismo: la seguridad de una comunidad de sostenedores. Lo que proporcionan estos grupos es la aceptación incondicional de la verdadera persona, con sus flaquezas y sus puntos vulnerables.

Esta sensación de ser aceptados por una comunidad de prójimos les proporciona a muchos el primer verdadero sentido de vinculación y de pertenencia basado en su propio valor como personas.