Centro de desintoxicación – La ‘Muerte Gris’, el nuevo cóctel de opiáceos

Estados Unidos está viviendo una epidemia de consumo de opiáceos devastadora. En 2015 se registraron 33.000 sobredosis mortales por consumo de cócteles de heroína y otros productos opiáceos. Esta ola de muerte afecta sobre todo a la población blanca trabajadora. De los 33.000 fallecidos en 2015, 27.000 eran blancos, 2.700 eran negros y 2.500 latinos. Ligada socialmente a la depresión socio-económica de la tradicional clase media blanca, la epidemia es conocida en EE UU como la de las Muertes por desesperanza.

Pero el peligro está sobre todo en que los usuarios tienen cada vez menos certeza de qué clase de producto están consumiendo ya que la oferta ilegal se renueva constantemente. En este sentido, la última novedad es una mezcla conocida como la Muerte Gris.

Esta sustancia tiene un aspecto similar al cemento, a veces compacta, a veces en polvo, e incluye heroína, fentanil, carfentanil -un tranquilizante tan fuerte que se usa con tigres y elefantes- y el opiáceo sintético denominado U-47700. Los consumidores la inyectan, la ingieren vía oral, la fuman o la esnifan. Y la toxicidad del compuesto es tan alta que el hecho de tocar la mezcla supone un auténtico peligro para la salud dado que se absorbe por la piel. Una dosis de una de estas mezclas mortales se puede comprar en la calle por menos de 20 dólares.

Centro de desintoxicación – La ‘Muerte Gris’, el nuevo cóctel de opiáceos

De momento su consumo ha sido detectado en varios Estados. En Georgia se han registrado unas 50 sobredosis provocadas por la Muerte Gris en sólo tres meses. Si bien el mercado de la droga siempre ha ido un paso por delante de la policía y la ciencia en su capacidad de innovar, la nueva generación de cócteles de opiáceos ha impulsado una carrera química voraz que metamorfosea cada vez más rápido y con más peligro. Los adictos, convencidos de que compran heroína u otras mezclas que conocen, se exponen a sustancias desconocidas y para las que no existe ni un mínimo patrón de seguridad de consumo.

La epidemia de los opiáceos tiene sus raíces en la explosión de adictos a los opiáceos de farmacia en la primera década de los 2000. Cuando el Gobierno de EE UU estableció unas normas más severas para vender estos fármacos, una gran cantidad de consumidores se pasó al mercado clandestino en busca de efectos similares en la heroína y los nuevos combinados.

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