¿Qué personas son potencialmente dependientes?

En una clínica de tratamiento de las adicciones, los pacientes se hacen a menudo la pregunta: ¿Por qué yo? ¿Qué clase de personas corren el riesgo de tornarse dependientes? Y lo cierto es que muchísimas. Según estudios realizados en 1988, parece que este tipo de personas pueden encontrarse en todas las familias donde existen antepasados con una dependencia al alcohol, al tabaco, o con una tendencia a la depresión o al suicidio, o con anorexia o bulimia, o incluso con una enfermedad cardíaca.

En este caso, si hay algo importante que podemos hacer por nuestros hijos, es informarles con mucha claridad y desde una edad muy temprana. Es la mejor manera de reducir los riesgos del chantaje de la dependencia y la mejor manera de que se tornen prudentes.

En cuanto a los demás, a quienes no tienen herencia de dependencia, tampoco es que estén a salvo. Y el consumo sistemático de una droga (da igual si es legal o ilegal, si se trata de alcohol o de cocaína), aún sin ganas ni atractivo al principio, es capaz de malbaratar el funcionamiento de nuestros receptores y abocarnos a una adicción. Estas personas pueden tornarse tan dependientes como las otras.

Un hijo se puede convertir en dependiente cuando se acostumbra al bebé y luego al niño, desde el principio de su vida, a encontrar una respuesta en forma de medicamento cada vez que se presenta un dolor, una incomodidad o u estrés. Se le está impidiendo que movilice su energía para hallar una respuesta dentro de sí mismo. También cada vez que se pone al niño en situación de espera del efecto del producto externo habiendo podido actuar de otro modo.

¿Y qué decir del niño que ve cómo sus padres consumen tranquilamente alcohol, somníferos, calmantes o ansiolíticos?

Antes de adoptar una postura intransigente frente a los adictos, valdría la pena reflexionar sobre cada una de nuestras respuestas frente a las demandas del cuerpo. Y hacernos las preguntas: ¿He enseñado suficientemente bien a mis hijos a que no les parezca normal depender de un producto químico? ¿Les he enseñado a no buscar automáticamente la respuesta química o medicamentosa a todas sus incomodidades?

Y por supuesto, hay consumos problemáticos de alcohol, cocaína u otras drogas que, aunque no hayan desembocado en una adicción ni quizás vayan a hacerlo, son por sí mismos un riesgo y por tanto legítimo motivo de preocupación y atención. Los padres que consideren que sus hijos tienen una relación problemática o peligrosa con el alcohol, la cocaína u otras drogas, deben afrontar esta situación hablando clara y directamente con ellos y en caso de ser necesario, buscando la orientación y la ayuda de una clínica profesional dedicada al tratamiento de las adicciones, donde podrán valorar el riesgo del abuso y ofrecer orientación terapéutica o, en caso de proceder, un tratamiento de desintoxicación y deshabituación para alcohol, cocaína, o la droga consumida.