Europeos que mueren por sobredosis

La Unión Europea no logra frenar las muertes por sobredosis de drogas. El negocio de los estupefacientes mueve en Europa 24.000 millones de euros al año y deja a su paso una estela de víctimas que ha aumentado por tercer ejercicio consecutivo.

Estas son las conclusiones de un estudio del Observatorio Europeo sobre Drogas, que señala que 23 personas murieron cada día por sobredosis en la UE, Noruega y Turquía en 2015. En total, la ingesta de estas sustancias se cobró al menos 8.441 vidas en esos 30 países, un 6% más que doce meses atrás, cuando las víctimas fueron 7.950. En 2012 rondaban las 6.300.

La cifra actual de muertes por sobredosis en Europa es seis veces inferior a la de Estados Unidos, pese a que la población de los países incluidos en el estudio casi duplica la norteamericana. La alarma desatada en Washington por la crisis de los opiáceos, que ya ha sido calificada de epidemia, no se ha extendido aún a los países de la UE, pero las advertencias están ahí y entre 2009 y 2016 se han detectado en Europa 25 opiáceos sintéticos muy potentes de los que se necesitan pocas cantidades para producir miles de dosis, por lo que representan una amenaza cada vez mayor.

Por ello, las autoridades comunitarias siguen de cerca lo que ocurre en EE UU. América del Norte ha registrado una mortalidad considerable asociada al consumo abusivo de opiáceos sujetos a venta con receta médica, un aumento del consumo de heroína y la aparición de opiáceos sintéticos muy potentes, recuerda el estudio. Bruselas ha detectado que una de las grandes diferencias respecto a su homólogo estadounidense es que pocos consumidores están en tratamiento por adicción a medicamentos opiáceos para el dolor, pero no descartan que hayan utilizado servicios distintos de los que reciben los adictos a drogas ilícitas.

Los responsables europeos perciben cada vez más la presencia de sustancias que se venden como heroína o medicamentos de imitación a través de Internet. Tanto en Europa como en América del Norte, preocupa en gran medida la aparición de nuevos opiáceos sintéticos muy potentes, principalmente derivados del fentanilo, según indica el informe. Esa inquietud ya existe en la policía estadounidense, que descubrió recientemente que sustancias como el carfentanil y el fentanilo (un analgésico y un narcótico sintéticos) se combinan con heroína y con otro sintético llamado pink [rosa] para producir un cóctel denominado como Muerte gris.

Las diferencias por sexo muestran una abismal diferencia de género en el abuso de sustancias de más alto riesgo. Tres de cada cuatro muertos fueron hombres. El perfil del europeo fallecido por sobredosis es el de un hombre de 38 años consumidor de opiáceos como la heroína. Esta droga, asociada a una generación perdida de jóvenes adictos en los años ochenta, sigue causando estragos: se detectaron opiáceos en el 81% de las sobredosis mortales, la mayoría por heroína. Aproximadamente el 80% de nuevos tratamientos por consumo de opiáceos está relacionado con la heroína, y ya no es tan evidente el descenso observado desde 2007 en este tipo de tratamientos.

Tal vez por sus mortíferas consecuencias, el consumo de opiáceos como la heroína o la metadona sigue lejos de otros estupefacientes más populares: 23,5 millones de europeos consumieron cannabis en el último año, y 3,5 millones hicieron lo propio con la cocaína. Un tercio, 1,3 millones, utilizó opiáceos, pero sus problemas asociados suponen ya el motivo principal del 38% de las solicitudes de tratamiento por drogodependencia en la UE.

El informe calcula que unos 93 millones de europeos han consumido alguna droga ilegal en su vida. Si el sur y el oeste europeos conforman el área de mayor consumo de cannabis y cocaína, los países del norte tienen los índices de mortalidad por sobredosis de drogas más altos, una realidad asociada a los opiáceos. Estonia es el único Estado que supera el centenar de muertes por millón de habitantes (103), seguido de Suecia (100), Noruega (76) e Irlanda (71). En cifras absolutas, Reino Unido (31%) y Alemania (15%), sumaron casi la mitad de todas las muertes por sobredosis. España ocupó la cuarta posición de entre los países de la UE con 455 muertos (cifras de 2014), pero su tasa, 15 fallecimientos por millón de habitantes, está por debajo de la media europea, que supera ligeramente los veinte.

Estos números hablan de la impotencia de los Gobiernos europeos para contener el alza de las sobredosis. En la búsqueda de soluciones, se ha aumentado el suministro de naloxona y se han multiplicado las salas de consumo supervisado, a las que los toxicómanos pueden acudir para ser controlados por personal médico en el momento en que se inyectan la droga. Su presencia es aún residual: solo seis países de la UE —Dinamarca, Alemania, España, Francia, Luxemburgo y Países Bajos—, tienen habilitados espacios de este tipo.