La cocaína, una amenaza para el planeta

En un artículo del diario El País, hacía referencia a la teoría de algunos ambientalistas de que los grandes protectores de la selva amazónica, y en general de la selva tropical en Colombia, eran los grupos guerrilleros por una simple razón: el miedo. Las grandes compañías mineras, petroleras, agrarias, e incluso el turismo, no habían entrado en todo el sur del país y en la costa pacífica colombiana por miedo a la guerrilla. Los secuestros y extorsiones eran bastante comunes en las zonas bajo su control y el miedo mantuvo congelada en el tiempo gran parte de la zona selvática del país.

Sin embargo, para el autor del artículo ésta era una hipótesis difícil de sustentar, ya que miles de hectáreas de selva se habían destruido para sembrar hoja de coca, y en gran parte esto se hizo al amparo de la guerrilla, y como consecuencia de la mala política de lucha contra las drogas que había liderado el Estado colombiano.

Sin embargo, cuenta el periodista, ahora que han trascurrido varios meses desde que las FARC dejaron más del 98% de las zonas donde operaban, se puede ver como cientos de hectáreas de selva tropical están siendo destruidas para sembrar coca sin que nadie haga nada para impedirlo.

Serían varias las razones que explicarían este hecho: Por un lado, hay una anarquía criminal en estas zonas. Cuando las FARC ejercían control había una regulación de la siembra de coca y explotación maderera. Una familia solo podía tumbar una hectárea de selva para el cultivo, pero no más que eso, además debían cuidar las fuentes de agua y debían sembrar la mitad para hoja de coca y la otra mitad para cultivos. Ahora que las FARC no están, no hay quien ejerza este control.

La segunda razón es el precio del gramo de pasta base de coca en 2016. El gramo pasó de 1400 pesos, algo así como 50 centavos de dólar, a 1900 pesos, un aumento cercano al 30%. Ocurrió una regla básica del sistema comercial capitalista: si aumenta la demanda es de esperarse un aumento en la oferta. Sobre todo en una economía de bajísima regulación. Aunque en 2017 el precio de la pasta base ha comenzado a bajar.

La tercera explicación es que el Gobierno colombiano estableció una estrategia combinada para la lucha contra las drogas. Por un lado, el modelo de la erradicación forzosa de cultivos de uso ilícito, ha obligado a la población a meterse cada vez más selva adentro para huir de la erradicación. Por otro lado, bajo el modelo de los acuerdos de La Habana se estableció un mecanismo de sustitución voluntaria de cultivos a cambio de asistencia técnica, cadenas de comercialización para los productos legales y proyectos productivos. Este modelo es bastante bueno, el problema es que se firmó con 7.000 mil familias y no con las 23.000 mil familias que viven o mejor sobreviven de estos cultivos, por lo que las familias no incluidas, aumentaron la siembra de hoja de coca con la esperanza de que más adelante los incluyeran en estos programas.