Está claro que hay personas que a los quince años ya son adultas y otras que con cincuenta están lejos de serlo. Está claro que la condición de adulto no se puede definir por la cantidad de tiempo vivido, aunque socialmente no nos quede más remedio. Aun así, hay ciertos criterios por los cuales se podría valorar en uno mismo si el tema de la edad adulta está más o menos resuelto. Siempre tendrán un carácter subjetivo, y no serán expresivos en un punto concreto sino más bien en su conjunto. Haberse convertido en adulto incluye la disponibilidad básica:

  • A abandonar la idea infantil de un mundo feliz
  • A librarse de las antiguas pretensiones de ser atendido
  • A evaluar las consecuencias de los propios actos y a cargar con ellas
  • A asumir la responsabilidad de sí mismo y de otros
  • A orientar su vida hacia la felicidad en lugar de hacia el bienestar

Ser adulto de forma resuelta es también tener el placer:

  • De crecer y desarrollarse
  • De ir hacia los límites y, en caso necesario, superarlos
  • De buscar y asumir una vocación
  • De recorrer un camino propio
  • De disfrutar la propia madurez

Ser adulto de forma resuelta incluye, respecto a la pareja, la disponibilidad:

  • A emplearse a fondo por ella
  • A ver un espejo en la pareja, tanto en los buenos como en los malos tiempos
  • A atravesar las crisis, en vez de cambiar de pareja
  • A perseguir una relación para la felicidad en lugar de para el bienestar
  • A desarrollarse del yo al tú