Tolerancia y dependencia al alcohol

Tolerancia significa que, después de un consumo continuado de cantidades idénticas de alcohol, se produce un efecto menor; en otras palabras, se necesita más alcohol para producir el efecto inicial. El desarrollo de tolerancia indica que la exposición al alcohol ha cambiado el cerebro. De alguna manera, se es menos sensible al alcohol, pero de otra, se puede continuar siendo muy sensible. Los efectos cerebrales que produce la borrachera pueden disminuir, mientras que los efectos tóxicos para las células cerebrales pueden permanecer iguales. Otro problema es que, a medida que se desarrolla tolerancia, el bebedor puede tomar cada vez más alcohol para obtener el efecto de la ebriedad. Ese patrón de ingesta tiene más probabilidades de producir déficits en las funciones mentales a largo plazo. Asimismo, debido a que el cerebro es el órgano de la adicción, la persona tolerante que incrementa su ingesta, corre un mayor riesgo de adicción. Finalmente, aunque el cerebro necesita más alcohol para producir la sensación de ebriedad, el hígado y otros órganos internos deben procesar cada vez más alcohol, por lo que corren el riesgo de sufrir daños permanentes.

Aunque la tolerancia a la mayor parte de los efectos del alcohol se desarrolla con el tiempo a lo largo de varias sesiones, también se ha observado que se puede producir en una sola sesión. Esto se llama tolerancia aguda y significa que la intoxicación es mayor en cuanto se empieza a beber. La tolerancia aguda no se desarrolla con respecto a todos los efectos del alcohol, pero sí se produce con respecto a la sensación de ebriedad, mientras que los demás efectos de la intoxicación, aquellos que interfieren con poder conducir, con las funciones mentales y con el buen juicio continúan acumulándose, poniendo al bebedor cada vez en mayor riesgo.

Es importante distinguir entre dependencia y abuso del alcohol. Generalmente, el abuso se refiere a un patrón de bebida que causa problemas de salud y sociales, o de ambas clases. La dependencia del alcohol (comúnmente llamada alcoholismo) se refiere a una enfermedad caracterizada por la búsqueda y el consumo anormal de alcohol, que conduce a la pérdida de control sobre la bebida. Los individuos dependientes del alcohol con frecuencia parecen necesitarlo. Es como si se vieran obligados a beber, aunque saben que la bebida les acarrea problemas. Las señales de dependencia física comienzan horas después de que el individuo ha dejado de beber, e incluyen ansiedad, temblores, insomnio, y en los casos más extremos, alucinaciones y convulsiones. Es difícil hacer una valoración definitiva de la dependencia del alcohol hasta que el bebedor no haya dejado de beber. Pero, a fines prácticos, este diagnóstico formal no es necesario porque los síntomas sociales y médicos que sufre el alcohólico son reconocidos por los profesionales de la salud.