Algo nada trivial

El periodista Víctor Lenore recoge en el diario electrónico El confidencial la publicación de ‘Algo tan trivial’, un ensayo de Fausto Alzati, el escritor mejicano, que narra en este libro sus experiencias como toxicómano y el proceso de su curación. Cada capítulo del libro lleva por título una canción del álbum de música ‘Violator’ de Depeche Mode. En el blog de tratamiento de adicciones Clínicas CITA presentamos algunos extractos de esta obra autobiográfica.

Lo que Fausto Alzati cuenta es su doloroso proceso de adicción y desintoxicación. Desde muy joven, el autor consume todo tipo de drogas. A los dieciocho años, compra veinte dosis de LSD para compartir con sus amigos, pero acando tomándolas todas él solo. Desde entonces, abusa del alcohol, la cocaína, la heroína, los hongos alucinógenos, el hachís y las drogas sintéticas. Pero, como señala la reseña, no estamos ante un politoxicómano exhibicionista, o no solo ante eso, sino ante alguien que busca encontrar sentido a su enñpquecido consumo y a su existencia.

Años después, Alzati se somete a numerosos tratamientos para desintoxicarse, hasta conseguir su objetivo, sustituyendo la jeringa para inyectarse heroína por la de tatuar, su oficio actual: ‘Tomó años, pero me reconciié con la agujas. El primer tatuaje me lo hice a los quince años, una mariposa en el antebrazo derecho. Después me inyectaba justo en las alas de la mariposa. A diario. Además de evadirme de un mundo de apariencias y control, un mundo de políticos, que tanto observé de niño, la mariposa fue un patrón de aterrizaje para las jeringas’. Pero con otra jeringa alcanzó la redención y se convirtió en tatuador.

El libro también retrata con brutal honestidad el vacío de los niños ricos: ‘No volvería a vivir mi adolescencia ni por un millón de dólares. No recomiendo a nadie ser un adolescente hipersensible, grosero, engreído, aislado, drogado, con la cabeza llena de Nietzsche y poesía romántica (…) Tenía la nueve milímetros de mi padre sobre el escritorio (…) No sé si quería matar a alguien, pegarme un tiro, llamar la atención, tener una epifanía, resolver mis problemas o intimidar a mis padres para que me dejaran drogarme tranquilo en su casa, con su dinero. Una combinación, probablemente. Mi confusión era total, la tristeza no acababa de llenar el hueco de mi tripa, estaba aterrado de la vida que conocía y del ruido de mi cabeza’

Presentamos aquí otro extracto del libro:

‘Este libro no es un exorcismo. Este libro es una declaración de amistad para mis demonios. Sin demonios mi vida hubiese sido más apacible hasta ahora, quizás habría sido más ordenada. Pero sin ellos no habría saboreado el mundo, ni hubiera sido masticado y escupido, crudo, ante la vida, para descubrir de qué estoy hecho. Sólo habría dormido y seguido la rutina hasta el final. Solamente habría seguido instrucciones, sin siquiera revolcarme en las olas de la angustia y la duda. Básicamente habría perdido todo indicio de candor. Y eso sí es triste.

Entre otras cosas, este libro trata sobre la naturaleza de la adicción. Porque los demonios tienen nombre y ‘adicción’ es uno de ellos. Pero esta obra no es una historia de redención; es un testimonio, nada más. Consiste en un ejercicio por el cual me he obligado a visitar lugares a los que no quería volver. Y menos aún compartir. No es un lamento y mucho menos una advertencia. Estoy lejos de arrepentirme del pasado y tampoco he escrito esto considerando que pueda ayudar a alguien. Si los demás se drogan o dejan de hacerlo me tiene sin cuidado. No me incumbe. Y escribir un testimonio sobre la adicción, buscando, de entrada, informar a otros o arreglarles un problema que quizás no tienen, me parece de lo más desatinado e insípido; mientras ignore cómo se entrelazan nuestros sufrimientos, si soy sincero, no puedo decir que me importe.

La adicción abarca mucho más que las drogas; sin embargo, el enganche a éstas sigue siendo su demostración más explícita. Los narcóticos a veces son un placebo, y otras pueden ser llaves para abrir todo tipo de puertas. La adicción, en cambio, si llegamos al chicloso relleno de su naturaleza, es una educadora salvaje, despiadada. Pareciese estar diseñada para hundir y humillar a quien la porte. Las estadísticas no son favorables respecto a los que sobreviven a tal lección. A ratos pienso que me hubiera encantado ser un consumidor prudente de drogas; no un adicto —que no es para nada lo mismo—. Me hubiese gustado cosechar las mejores motas del mundo para sólo fumarlas en ocasiones especiales, por gusto, por hedonismo. Escoger de cada sustancia lo mejor, estudiarla, conocerla y preparar cada experiencia con curiosidad y avidez. Las drogas aún me parecen geniales como tal: sus efectos, su inmediatez para dislocar la percepción. Son elementos del mundo; mismo al que no me niego. Pero jamás fui capaz de ser consumidor. Y lo intenté. Y lo intenté’