Trastornos por consumo de alcohol y problemas asociados

Los trastornos derivados del consumo excesivo de alcohol son, en primer lugar, los propios de cualquier droga; por otro lado, existen problemas asociados a la naturaleza específica de esta sustancia. En ambos casos se trata de alteraciones físicas, psicopatológicas y psicosociales que pueden conducirnos a pedir un tratamiento de desintoxicación y deshabituación en una clínica especializada en el tratamiento de las adicciones.

En tanto que droga, el alcohol produce dependencia fisiológica, fenómeno reconocible por la demostración de tolerancia o de síntomas de abstinencia. El abuso es un patrón des-adaptativo de consumo de alcohol, que da lugar a consecuencias adversas significativas y recurrentes (en el trabajo, en el ámbito familiar, en lo relativo a la seguridad, etc). La intoxicación implica un cambio psicológico o del comportamiento (agresividad, labilidad emocional, deterioro de la capacidad de juicio y de la actividad laboral o social) durante la ingesta de alcohol o poco tiempo después. La abstinencia es un síndrome que se manifiesta después de la interrupción del consumo prolongado de grandes cantidades de alcohol; se caracteriza por la aparición de temblores, insomnio, náuseas, agitación psicomotora, crisis epilépticas, etc. Dados los problemas que puede presentar un síndrome de abstinencia, es exigible que cualquier tratamiento para abandonar el consumo abusivo de alcohol esté supervisado médicamente o en el contexto de una clínica especializada en el tratamiento de las adicciones.

En cuanto a los problemas asociados, dentro de los trastornos físicos pueden mencionarse los siguientes: alteraciones en el aparato digestivo (hígado, páncreas y tracto gastrointestinal fundamentalmente); problemas cardiovasculares, entre los que destaca la miocardiopatía alcohólica, caracterizada por dilatación del corazón, insuficiencia cardiaca y arritmias; trastornos de la sangre, como la anemia y la leucopenia alcohólicas (descenso de glóbulos rojos y blancos, respectivamente); problemas de la nutrición, entre otros falta de vitamina A (ceguera nocturna), vitamina B y vitamina C; disfunciones sexuales (falta de deseo, disminución de la fertilidad, dificultad para la erección); trastornos musculares y patología del sistema nervioso, como parálisis y alteraciones de la conciencia, de la orientación y de la memoria.

Respecto a los problemas psicopatológicos, los más relevantes son la depresión, la tendencia al suicidio, la ansiedad, los celos patológicos, la amnesia y diversas adicciones (ludopatías y otras toxicomanías diferentes al alcoholismo).

Entre los efectos psicosociales destacan el deterioro de las relaciones familiares, el descenso del rendimiento profesional del afectado, los accidentes de tráfico o el rechazo social y la marginación.

Por todos estos problemas, el alcohol sigue siendo la primera causa de ingreso en las clínicas y centros para el tratamiento de las adicciones y la droga de mayor implicación en los accidentes mortales de tráfico.